OSSAIM DA UNA HOJA PARA CADA ORIXÁ

Ossaim, hijo de Naná y hermano de Ossumaré, Ewá y Obaluaiye, era el señor de las hojas, de las ciencias y de las hierbas, el Orissa que conoce el secreto de la cura y el misterio de la vida.
Todos los Orissas recurrían a Ossaim para curar cualquier molestia, cualquier mal del cuerpo.
Todos dependían de Ossaim en la lucha contra las dolencias.
Todos iban a la casa de Ossaim a ofrecer sus sacrificios.
A cambio, Ossaim les daba preparados mágicos:
Baños, tés, infusiones, pomadas, abó, brebajes.
Curaba los dolores, las heridas, las hemorragias, las disenterías, las hinchazones y fracturas;
Curaba las pestes, fiebres, órganos corrompidos, limpiaba la piel purulenta y la sangre pisada;
Libraba al cuerpo de todos los males.
Un día Xangó, que era el dios de la justicia, juzgó que todos los Orissás deberían compartir el poder de Ossaim, conociendo el secreto de las hierbas y el don de la cura.
Xangó sentenció que Ossaim dividiese sus hojas con los otros Orissás.
Mas Ossaim se negó a dividir sus hojas con los otros Orissás.
Xangó entonces ordenó que Iansá soltase el viento y trajese a su palacio todas las hojas
de los bosques de Ossaim para que fuesen distribuidas a los Orissás.
Iansá hizo lo que Xangó determinó.
Generó un huracán que derrumbó las hojas de las plantas y las arrastró por el aire en dirección al palacio de Xangó.
Ossaim percibió lo que estaba aconteciendo y gritó:
Ewe assa!
Las hojas funcionan!
Ossain ordenó a las hojas que volvieran a sus bosques y las hojas obedecieron las órdenes de Ossaim.
Casi todas las hojas retornaron a Ossaim.
Las que ya estaban en poder de Xangó perdieron el assé, perdieron el poder de curar.
El Orissá Rey, que era un Orissá justo, admitió la victoria de Ossaim.
Entendió que el poder de las hojas debía ser exclusivo de Ossaim y que así debía permanecer a través de los siglos.
Ossaim, a pesar de todo, regaló una hoja a cada Orissá, dio una ewe para cada uno de ellos.
Cada hoja con sus assés y sus ofós, que son las cantigas de encantamiento, sin las cuales las hojas no funcionan.
Ossaim distribuyó las hojas a los Orissás para que ellos no lo envidiasen más.
Ellos también podían realizar proezas con las hierbas, más los secretos más profundos los guardó para sí.
Ossaim no cuenta sus secretos a nadie, Ossaim ni habla.
Habla por él su criado Aroni.
Los Orissás quedaron agradecidos a Ossaim y siempre lo reverencian cuando usan las hojas.

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