Naná prohibe instrumentos de metal en su culto

La rivalidad entre Nana Burucu y Ogum data de tiempos.
Ogum el herrero guerrero, era el propietario de todos los metales.
Eran de Ogum los instrumentos de hierro y acero.
Por eso era tan considerado entre los Orixas, porque de él dependían todas las otras divinidades.
Sin el permiso de Ogum no había sacrificio; sin sacrificio no había Orixa.
Ogum el Oluobe, el señor del cuchillo.
Todos los Orixas lo reverenciaban.
Inclusive antes de comer le pedían permiso a él para el uso del cuchillo, con el que se cortaba a los animales y se preparaba la comida sacrificial.
Contrariada con esa precedencia dada a Ogum, Nana dice que no necesitaba de Ogum para nada, porque pensaba que era más importante que él.
´´Quiero ver cómo vas a comer, sin cuchillo para matar los animales´´, dice Ogum.
Ella acepto el desafío y nunca más uso cuchillo.
Fue su decisión que en un futuro, ninguno de sus seguidores utilizaría objetos de metal para cualquier ceremonia en su honor.
Que los sacrificios hechos para ella fuesen hechos sin cuchillo, sin necesitar del permiso de Ogum.

Ewa se transforma en niebla

Ewa era hija de Nana.
También eran hijos de Nana Obaluaé, Oxumare y Ossaim.
Esos hermanos regían el suelo de la tierra.
La tierra, el suelo, el subsuelo, era todo propiedad de Nana y su familia.
Nana quería lo mejor para sus hijos, quería que Ewa se casara con alguien que la amparase.
Nana pidió a Orumila un buen casamiento para Ewa.
Ewa era linda y cariñosa.
Pero nadie se acordó de ofrecer algún sacrificio para garantizar el contrato.
Varios príncipes se ofrecieron prontamente a desposar a Ewa.
Y eran tantos los pretendientes que creó una contienda entre ello luego.
La concurrencia por la mano de la princesa se transformo en una pugna insensata y mortal, jóvenes que se debatían hasta la muerte.
Venían de muy lejos, luchaban como valientes para conquistar su belleza.
Pero a cada vencedor, Ewa no se decidía.
Ewa no aceptaba el pretendiente.
Venían nuevos candidatos y otros combates.
Ewa no conseguía decidirse, aun tan ansiosa por casarse y acabar de una vez con el sangriento campeonato.
Todo estaba feo y triste en el reino de Nana; la tierra seca, el sol casi apagado.
Solo la muerte de los novios imperaba.
Ewa fue entonces a la casa de Orumila para que la ayudase a resolver aquella situación desesperadamente y poner fin a aquella mortandad.
Ewa hizo los ebos recomendados por Ifa.
Los vientos cambiaron, los cielos se abrieron, el sol encandelaba a la tierra y, para sorpresa de todos, la princesa comenzó a desintegrarse.
Fue desapareciendo y perdiendo la forma, hasta evaporarse completamente y transformándose en densa y blanca bruma.
Y la niebla radiante de Ewa se esparció por la tierra.
Y en la niebla de la mañana Ewa cantaba feliz y radiante.
Con fuerzas y expresiones inigualables cantaba la bruma.
El supremo Dios determino entonces que Ewa celase por los indecisos amantes, observase sus problemas, guiase sus relaciones.

Oyá gana de Obaluaiyé el reino de los muertos

Cierta vez hubo una fiesta con todas las divinidades presentes.
Omolu-Obaluaé llego vistiendo su capucha de paja.
Nadie podía reconocerlo por su disfraz ninguna mujer quiso bailar con él.
Solo Oia, tuvo el valor, se lanzo a bailar con el señor de la tierra.
Tanto giraba Oya en su danza que provocaba el viento.
Y el viento de Oya levanto las pajas y descubrió el cuerpo de Obaluaé.
Para sorpresa general, era un bello hombre.
El pueblo aclamo por su belleza.
Obaluaé quedo más que feliz con la fiesta, quedo agradecido.
Y, en recompensa, dividió con ella su reino.
Hizo de Oya la reina de los espíritus de los muertos, Reina que es Oya Igbalé, la conductora de los egunes.
Oia entonces bailo y bailo de alegría.
Para mostrar a todos su poder sobre los muertos, cuando ella baila ahora, agita en el aire el iruquere, el espanta moscas que aparta los egunes para el otro mundo.
Reina Oya Igbalé, la conductora de los espíritus.
Reina que fue siempre la grande pasión de Omolu.

Oxumaré

Oxumare era un joven muy bonito y envidiado.
Sus ropas tenían todos los colores del arco iris y sus joyas de oro y bronce destellaban desde lejos.
Todos querían acercarse a Oxumare, mujeres y hombres, todos querían seducirlo y casarse con Él.
Pero Oxumare era también muy tímido y solitario.
Prefería andar solo por la bóveda celeste, donde todos acostumbraban verlo en días de lluvia.
Cierta vez Xango vio a Oxumare pasar, con todos los colores de su traje y todo el brillo de sus metales.
Xango conocía la fama de Oxumare de no dejar a nadie acercarse a ÉL.
Preparo entonces una trampa para capturar al arco iris.
Lo mando llamar para una audiencia en su palacio y, cuando Oxumare entro en la sala del trono, los soldados de Xango cerraron las puertas y ventanas, atrapando a Oxumare junto con Xango.
Oxumare quedo desesperado e intento huir, pero todas las salidas estaban trancadas por el lado de afuera.
Xango intentaba tomar a Oxumare entre sus brazos y Oxumare escapaba, corriendo de un rincón para otro.
No viendo como liberarse, Oxumare pidió ayuda a Olorum y Olorum escucho su súplica.
En el momento en que Xango inmovilizaba a Oxumare, Oxumare fue transformado en una cobra, que Xango soltó con enojo y miedo.
La cobra se deslizo por el suelo en movimientos rápidos y sinuosos.
Había una pequeña grieta entre la puerta y el suelo de la sala y fue por ahí que escapo la cobra, fue ahí que escapo Oxumare.
Así se liberó Oxumare del asedio de Xango.
Cuando Oxumare y Xango fueron hechos Orixas, Oxumare fue el encargado de llevar aguas a las tierras del palacio de Xango en Orum, pero Xango no puede nunca acercarse a Oxumare.

Xango es reconocido como el Orixa de la Justicia

Xango y sus hombres luchaban contra un enemigo implacable.
Los guerreros de Xango, capturados por el enemigo, eran mutilados y torturados hasta la muerte, sin piedad ni compasión.
Las atrocidades ya no tenían límites.
El enemigo mandaba entregar a Xango sus hombres en pedazos.
Xango estaba desesperado y enfurecido.
Xango subió a lo alto de una montaña cera del campamento y ahí consulto a Orumila sobre lo que tenía hacer.
Xango pidió ayuda a Orumila.
Xango estaba lleno de ira y comenzó a golpear las piedras con el Oxé, golpear con su hacha doble.
El hacha arrancaba de las piedras chispas, que se encendían en el aire como flamantes llamas de fuego, que devoraban a los soldados enemigos.
La guerra perdida se fue transformando en victoria.
Xango gano la guerra.
Los jefes enemigos que habían ordenado la masacre de los soldados de Xango fueron diseminados por un rayo que Xango disparo con auge de furia.
Y los soldados enemigos que sobrevivieron fueron perdonados por Xango.
A partir de ahí el sentido de justicia de Xango fue admirado y contado por todos a través de los siglos, los Orixas y los hombres han recurrido a Xango para resolver todo tipo de contiendas y juzgar las discordancias y administras justicia.

LOGUNEDÉ DEVUELVE LA VISIÓN A ERINLÉ

Logunedé era un cazador muy buenmozo. Erinlé lo conoció y fueron a cazar juntos.
Eran padre e hijo, más uno del otro no sabía.
Logunedé era muy seductor y Erinlé se apasionó por él.
Ambos cazaban más que todo el mundo, eran los dos los mayores de los Odés.
Logunedé flechaba a todos los pájaros más respetaba a los pájaros de las hechiceras.
Con las Iya Mi Oxorongá tenía ese pacto y de ellas guardaba algunos secretos.
Llevaba colgado del cuello el adó que ganara de las viejas brujas, un bornal repleto de fórmulas mágicas y misterios.
Un día Logunedé se distrajo y Erinlé mató al pájaro prohibido.
Las Iya Mi inmediatamente se vengaron y mandaron un hechizo que cegó a ambos.
Logunedé entonces abrió el adó que cargaba y retiró el misterio de las Iya Mi.
Pudo con ellos devolver a Erinlé la luz del sol y el brillo de las estrellas.
Ciego, partió Logun seguido por Erinlé y acabaron llegando a la laguna donde Ossum se bañaba y lavaba sus pulseras.
Erinlé se aproximó a la madre del compañero y adentro del agua un amor antiguo renació.
De esa nueva unión de Erinlé y Ossum, nació un nuevo río, el río Inlé, y nació un pez que fue montado por Logun.
En las aguas de Inlé nadó el pez y llevó a Logunedé para las profundidades.
Fue allá que Logunedé conoció a Yemanja, que lo adoptó y le dio riquezas de su reino.
El vive en las márgenes de ese río, desde entonces, por cierto tiempo, volviendo a vivir en el bosque en el tiempo siguiente.
Logunedé, el cazador de las matas, ganó así los peces de Yemanja.

IROKO AYUDA A LA HECHICERA A VENGAR AL HIJO MUERTO

Iroko era un hombre bonito y fuerte y tenía dos hermanas.
Una de ellas era Ajé , la hechicera, la otra era Ogboí, que era una mujer común.
Ajé era hechicera, Ogboí, no.
Iroko y sus dos hermanas vinieron juntos del Orum para habitar en el Aié.
Iroko fue a vivir en un frondoso árbol y sus hermanas en casas comunes.
Ogboí tuvo diez hijos y Ajé tuvo solo uno, un pajarito.
Un día, cuando Ogboí tuvo que ausentarse, dejó a sus diez hijos bajo el cuidado de Ajé.
Ella cuidó bien de los niños hasta la vuelta de la hermana.
Más tarde, cuando Ajé tuvo también que viajar, dejó a su hijo-pájaro con Ogboí.
Fue entonces que los hijos de Ogboí pidieron a su madre que querían comer un pajarito.
Ella les ofreció una gallina, pero ellos, que tenían en ojo a su primo, rechazaron.
Gritaban de hambre, querían comer, más tenía que ser un pájaro.
La madre fue entonces a la floresta a cazar pajaritos, que sus hijos insistían en comer.
En ausencia de su madre, los hijos de Ogboí mataron, cocinaron y comieron al hijo de Ajé.
Cuando Ajé volvió y se dio cuenta de la tragedia, partió desesperada en busca de Iroko.
Iroko la recibió en su árbol, donde vive hasta hoy.
Y desde allá, Iroko vengó a Ajé, lanzando golpes sobre los hijos de Ogboí.
Desesperada con la pérdida de la mitad de sus hijos y para evitar la muerte de los demás, Ogboí ofreció sacrificios para su hermano Iroko.
Le dio un cabrito y otras cosas y más un cabrito para Essú.
Iroko aceptó el sacrificio y dejó a los demás hijos.
Ogboí es la madre de todas las mujeres comunes, mujeres que no son hechiceras,
Mujeres que siempre pierden hijos para aplacar la cólera de Ajé y de sus hijas hechiceras.
Iroko vive en la gamelera blanca y trata d ofrecer su justicia en la disputa entre las hechiceras y las mujeres comunes.